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Han Dicho - Prosas de un Pretérito Perfecto

"He llegado a la conclusión que tampoco puedo conocerme como individuo completamente, pues estoy en una constante transformación y evolución de convertirme en algo diferente de lo que soy ahora"



Han dicho algunos escritores que, cuando no sabes acerca de qué escribir, debes escribir sobre situaciones o cosas que conoces. Según su consejo, esto es porque es más fácil escribir sobre escenarios reales en vez de ficción e inventar un drama completo desde cero.


Y bueno, creo que cuando no sabes sobre qué escribir, esto es muy real o certero. Y me he preguntado: ¿qué es lo que conozco? ¿El cielo es azul?


Bueno, podría hablar del cielo, porque en apariencia lo conozco. Pero no puedo asegurar que el cielo sea azul, pues algunos dicen que es celeste, y otros podrían decir que es una degradación. Pero ¿degradación de qué color con exactitud?

¿Podría ser algo subjetivo o un hecho que alguien pueda asegurar con certeza? Porque durante el día se ve de uno o varios colores y sus respectivas degradaciones; pero durante la noche, ¿es obscuro, negro o azul?


¿Y es el cielo, con toda certeza, de un solo color? ¿O son los reflejos de las constelaciones y las direcciones en las que estas se rompen sobre algún segmento, provocando que se ilumine de ciertos colores?

Pues, al atardecer, puedo ver que tampoco es azul o celeste, sino que se reflejan diferentes degradados de rojos, naranjas, morados, rosados y los miles de matices entre cada uno de ellos. Entonces,

¿es algo de lo que de verdad podría hablar o no?


Podría ser, tal vez, otra cosa subjetiva.


Y así como no puedo hablar con certeza del cielo que me enseñaron en la escuela —el cual se suponía que era azul—, tampoco creo poder hablar acerca de ninguna otra cosa con seguridad. Y pareciera que todas las personas buscan respuestas certeras y firmes sobre el mundo y sobre cada cosa que las rodea, pero ¿cómo pueden hacerlo, si nada puede, en su totalidad, ser clasificado o encajonado en un espacio con límites y bordes?


Todos buscan seguridad, estabilidad y un suelo que les asegure que es firme y no se va a romper, pero eso no va a suceder.


No puedo hablar respecto a mí mismo tampoco, pues, incluso si creo conocerme, he llegado a la conclusión de que tampoco puedo conocerme completamente como individuo. Pues estoy en una constante transformación y evolución, convirtiéndome en algo diferente de lo que soy ahora. Y en un futuro podría ser un fragmento mejor o peor de mi propio yo del presente.


¡Vaya, que es bastante cínico todo esto! ¡Mundo cruel!

Mundo dulce que nos espera con tantas sorpresas y nos deja al borde de un vacío, sin conocer lo que existe en ese oscuro fondo; en el que no sabemos si caeremos sobre una nube de algodón dulce o sobre una cama de espinas que nos penetrará hasta las entrañas. ¿O quién sabe? Tal vez, solo tal vez, al soltarnos y dejarnos caer hacia lo desconocido, hacia lo inseguro, hacia ese vacío que no conocemos, entonces, y solo entonces, en esa caída —mientras nuestros cuerpos se acercan hacia una cama de espinas o una nube de algodón dulce—, entonces y solo entonces, las alas que llevamos impregnadas en nosotros se extiendan y vuelen antes de dejarnos tocar el fondo.